Descubre lo que los grandes pensadores dicen sobre la importancia del juego en la educación, la creatividad y la transformación personal.
Aquí encontrarás reflexiones de pensadores, científicos, educadores y artistas sobre la importancia del juego en la vida humana. Se muestran en orden aleatorio cada vez que visitas la página.
Juega mucho y juega bien, juega como si tu vida dependiera de ello. Porque depende…
La necesidad de jugar en los seres humanos es permanente.
El juego ofrece oportunidades de ir más allá de las formas de ser actuales, de transformar estructuras y de traspasar fronteras.
Se habla a menudo del juego como si se tratara de un descanso del aprendizaje serio. Pero para los niños el juego es parte fundamental del aprendizaje serio. El juego es realmente el trabajo de la infancia.
No dejamos de jugar porque envejecemos; envejecemos porque dejamos de jugar.
Es en el juego y solo en el juego donde el niño o el adulto como individuos son capaces de ser creativos y de usar el total de su personalidad, y sólo al ser creativo el individuo se descubre a sí mismo.
Nada enciende más la mente de un niño como el jugar.
Los Estados Partes reconocen el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes.
Los niños desarrollan un repertorio de respuestas flexibles a situaciones que crean y con las que se encuentran.
La experiencia del juego cambia las conexiones de las neuronas en la corteza prefrontal del cerebro, y sin experiencia de juego, esas neuronas no cambian.
Lo que hace excepcional a la especie humana es que estamos diseñados para jugar durante toda la vida.
El mejor juego es aquel en el que no te das cuenta de que estás jugando.
Si quieres trabajadores creativos, dales tiempo suficiente para jugar.
Se habla del juego como si fuera el alivio del aprendizaje serio. Pero para los niños, jugar es el aprendizaje serio.
La condición de humanidad se define como la persona que juega, la persona abierta al misterio y a la belleza.
El juego es el trabajo de la infancia.
Jugar para un niño y una niña es la posibilidad de recortar un trocito de mundo y manipularlo para entenderlo.
Nos gusta jugar porque al hacerlo se libera dopamina que hace que la incertidumbre asociada al juego nos motive, constituyendo una auténtica recompensa cerebral y que exista ese feedback tan importante para el aprendizaje.
Todos los aprendizajes más importantes de la vida se hacen jugando.
El juego, nos dicen las últimas investigaciones en neurociencia, no es cosa de broma, sino una actividad necesaria para la salud y la felicidad.
Los juegos con recompensa producen sustancias químicas en el cerebro que mejoran la memoria y el aprendizaje. La emoción produce dopamina.
Los niños necesitan tiempo y espacio para jugar. Jugar no es un lujo, es una necesidad.
El verbo jugar sólo se puede conjugar con el verbo dejar.
El juego en todas sus formas no es una pérdida frívola de tiempo que deba posponerse cuando hay cosas «más importantes» que hacer.
Los niños y niñas no juegan para aprender, pero aprenden porque juegan.
Jugar es la forma favorita de nuestro cerebro de aprender.
Los niños tienen que habituarse mediante el juego a realizar aquellas actividades que realizarán cuando sean mayores.
La función del juego es construir cerebros prosociales, cerebros sociales que sepan cómo interactuar con otros de forma positiva.
Los niños necesitan comida y agua para sobrevivir. Para vivir, necesitan amor y poder jugar.
La madurez de los adultos es proporcional al tiempo de juego de cuando eran niños y a las preguntas que en ese entonces nos fueron buenamente respondidas.
El juego nos permite acceder a un nuevo yo que está mucho más en sintonía con el mundo. Como el juego consiste en experimentar nuevas conductas o pensamientos, nos libera de las pautas de conducta establecidas.
Los juegos son la forma más elevada de investigación.
El juego es el instrumento que prepara a los niños a la vida adulta.
El niño debe tener tiempo para jugar libremente, incluso aburrirse, porque eso hace que el cerebro haga conexiones sobre tomar decisiones en lo que realmente le gusta hacer.
El juego es un instinto natural del ser humano que compartimos con la mayoría de las especies. Es tan antiguo como la inteligencia de la vida.
El juego es un invento poderoso de la naturaleza… El instrumento del juego, combinación de curiosidad y placer, es el arma más poderosa del aprendizaje.
Las cosas que los niños y niñas aprenden por iniciativa propia durante el juego libre no pueden ser aprendidas de otra manera.
En el juego se obtienen experiencias sociales, los niños aprenden a valorar el alcance de su manera de actuar.
El juego permite la expresión de emociones positivas y la oportunidad para canalizar y controlar las negativas, en lo que se denomina aprendizaje social y emocional.
Mientras juega, un niño siempre se comporta más allá de su edad, por encima de su comportamiento diario. Mientras juega, es como si fuera más grande de lo que es.
La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño.
La respuesta cerebral es más beneficiosa cuando se sabe que determinada acción tendrá una recompensa, y todavía más cuando esta recompensa es incierta, pues mantiene la emoción durante más tiempo.
Al jugar, los niños reubican sus mundos para hacerlos o bien menos aterradores o menos aburridos.
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